Definitivamente no habrá soterramiento de las vías del tren en Valladolid. Definitivamente ha sido aclarado, como una bofetada de realidad, por todas las administraciones públicas implicadas (Adif, Ministerio de Fomento, Junta de Castilla y León y Ayuntamiento de Valladolid) que este proyecto no se llevará a cabo. Definitivamente quedará como otra infraestructura faraónica más enviada al olvido, a pesar de que todavía quedan muchas cuestiones por esclarecer, lo que ha obligado a constituir una comisión de investigación en el Ayuntamiento de Valladolid.

Ante el enorme socavón que deja esta noticia, tanto para la ciudad como para sus ciudadanos, el Alcalde de Valladolid se ha apresurado a ofrecer tiritas, presentando como única solución la creación de elementos de permeabilidad de las vías y dando así, un portazo al diseño universal como paradigma del desarrollo de entornos de fácil acceso para el mayor número de personas posible. Para no dar más pasos en falso que siempre acaban menguando el bolsillo y las ilusiones del ciudadano, se presenta como definitivamente necesario abrir un periodo de reflexión y debate sobre las diferentes soluciones técnicas que hagan una apuesta seria por mejorar la calidad de vida de los vecinos que diariamente se ven afectados. Definitivamente, en pleno siglo XXI es difícil entender que no haya habido en la ciudad de Valladolid un amplio y participativo debate sobre todas las opciones posibles para diseñar el modelo de ciudad que se desea, además de la posibilidad de integrar ambas orillas de la vía férrea. Definitivamente, podríamos estar hablando de una nueva estación en la periferia o de mantener la actual pero dejando de ser una estación pasante; recomiendo la lectura del artículo que, no hace mucho, escribía Roger Senserrich en Politikon sobre el soterramiento de vías donde se dan alternativas a, según el autor, una mala idea.

Ahora bien, se ha hablado mucho de las cuestiones ferroviarias y urbanísticas que conlleva esta decisión y de la vía judicial abierta por la firma de la comfort letter, sin olvidar que el soterramiento del ferrocarril en Valladolid fue vendido a los vallisoletanos como el eje estratégico de desarrollo económico y social de la ciudad.

Definitivamente, este tipo de intervención, en una ciudad como Valladolid, traería una gran transformación, creando nuevas oportunidades urbanísticas, económicas y sociales pero no es la única vía. Valladolid lleva más de dos décadas poniendo el foco en que su progreso radicaba en la llegada del AVE y el soterramiento del ferrocarril. Fue su apuesta y todo lo demás quedó en un segundo plano. La crisis ha hecho más patente la debilidad de la economía productiva local centrada principalmente en el automóvil y sufriendo dramáticas deslocalizaciones. Fruto de la insistencia en esta vía muerta, nuestra ciudad carece de una hoja de ruta que oriente sobre qué modelo de ciudad desean los vallisoletanos, cuál es la estrategia y cuáles son las políticas necesarias para conseguir ese objetivo. Por supuesto, un plan urbanístico como el famoso “Plan Rogers” no suple el necesario proceso de elaboración de un plan estratégico de la ciudad.  Ha faltado y sigue faltando una visión consensuada de ciudad y unos objetivos claros a medio y largo plazo.

El último intento que se vivió para dotar de un plan estratégico a la ciudad fue en el año 2008. El Ayuntamiento de Valladolid elaboró el documento Valladolid hacia 2016. Propuestas estratégicas” e incluso se habilitó una página en internet para que los ciudadanos pudieran dejar sus aportaciones. La Cámara Oficial de Comercio e Industria de Valladolid encargó su propio documento, ‘Valladolid Siglo XXI. Modelo de Ciudad’, para convertir a Valladolid en “el líder del noroeste español en 2016” y por el cual llegó a pagar 240.000 euros. Ambos documentos se apoyaban en la importancia de la llegada del AVE a Valladolid y del nuevo modelo de ciudad que dejaría el soterramiento del ferrocarril.

En el ámbito del desarrollo local, la planificación estratégica se entiende no como la solución a los problemas de una ciudad o territorio sino como una herramienta de análisis y acuerdo para identificar y enfocar las claves de futuro del desarrollo económico y social de esa ciudad o territorio. En definitiva, ayuda a las administraciones públicas a gestionar exitosamente un entorno cambiante estableciendo objetivos a medio y largo plazo y planteando actuaciones o estrategias para alcanzar esos objetivos marcados.

En Valladolid, el nuevo equipo de gobierno municipal ha trabajado en planes estratégicos sectoriales como es el de urbanismo (el nuevo Plan General de Ordenación Urbana), el de turismo (Plan Estratégico de Turismo de la ciudad de Valladolid 2016-2019), el de movilidad urbana (Plan Integral de Movilidad Urbana, Sostenible y Segura), etc. Todo este trabajo técnico no se encuentra apoyado por una visión de futuro de la ciudad de Valladolid definida por todos. Aquí es donde reside la importancia de trabajar en un plan estratégico participado que involucre a todos los colectivos y agentes sociales, hecho por todos y entre todos.

Definitivamente en este país no hay mayor aliciente que no sea participar en un programa europeo. En lugar de definir las prioridades y planificar las estrategias que demandan cada localidad y sus ciudadanos y buscar cuáles son los programas de ayudas que pueden financiarlos, se trabaja en sentido contrario. Es decir, se acude a una convocatoria y se busca cumplir con los requisitos formales redactando los documentos necesarios para justificar la necesidad de la ayuda.

Por ello, en los dos últimos años se ha oído hablar mucho en el ámbito municipal de la elaboración de estrategias de desarrollo urbano sostenible integrado (EDUSI). Son la exigencia que se marca desde la Comisión Europea para poder beneficiarse de ayudas para el desarrollo urbano de un área concreta de la ciudad. Eso sí, aquellos ayuntamientos que ya han realizado un trabajo previo y tienen elaborado su propio plan estratégico únicamente deben adaptarlo.

Valladolid, como muchos otros municipios, no parte con ese trabajo previo ni con el personal y el tiempo para realizarlo en plazo. Por tanto, el ayuntamiento ha acudido a consultoras externas para redactar los documentos y posteriormente cumplir con la formalidad de abrir un periodo de participación pública implicando a los agentes locales tal como obliga la convocatoria europea. Finalmente, el Ayuntamiento de Valladolid destinó, al menos, 24.859,45 euros para redactar la estrategia INNOLID 2020 y así participar, sin éxito, tanto en la primera como en la segunda convocatoria.

Definitivamente es el momento óptimo para que desde el Ayuntamiento de Valladolid se tome la iniciativa para abrir un debate en la sociedad civil sobre qué ciudad se desea, un proceso de participación activa y de empoderamiento de la ciudadanía que permita un diseño universal, accesible y amigable con todos los ciudadanos, con el fin de mejorar la calidad de vida de las personas que vivimos en esta ciudad y por qué no también, de los que nos visitan. A pesar de que se ha empezado la casa por el tejado y ya sabemos qué urbanismo tendremos, qué turismo se quiere o cómo nos vamos a mover por la ciudad, definitivamente es el momento de definir en qué ciudad deseamos vivir en el futuro, integrando todos los aspectos, desde la economía y el empleo hasta la cultura, el medioambiente y la educación cívica que se ansía por parte de la ciudadanía.

Definitivamente es el momento de dotar de un mayor protagonismo a las políticas de desarrollo local mediante la elaboración de una planificación estratégica que ayude al Ayuntamiento a determinar hacia dónde debe encaminarse la ciudad, a identificar los recursos que necesita para llegar a dicho punto y a desarrollar los planes de acción a largo y corto plazo requeridos para alcanzar los objetivos propuestos y para ello debe contarse, definitivamente y sin excusas, con la ciudadanía, haciéndola sentir protagonista de su futuro.

4 COMENTARIOS

  1. Sobre la idea de sacar la estación del centro de la ciudad, me gustaría dejar claro un aspecto: el ferrocarril es el modo más sostenible de moverse, sacar la estación fuera de la ciudad sería una traba para su uso, lo que redundaría en una mayor contaminación, mayor ruido… y menor comodidad para los usuarios. Por otro lado, las estaciones siempre deben ser pasantes salvo que sean final de línea, en Valencia o Stuttgart es justo lo que van a hacer, y es que las estaciones en fondo de saco plantean muchos problemas de capacidad, y en el caso de Valladolid sería peor, ocurriría como en león, donde ya hay incluso servicios que están pasando de largo para no dar el rodeo que supone parar en León y la pérdida de tiempo de invertir la marcha. En el caso de Valladolid sería similar, muchos trenes pasarían de largo y otros dejarían de circular, especialmente los regionales a Palencia. Y al igual que antes, eso se traduciría en peor movilidad y en un fomento de los modos de transporte que más ruido hacen y más contaminan.

    • Efectivamente, la estación en fondo de saco de León genera un tiempo añadido de hasta 23 minutos en los trenes con parada respecto a los que circulan por la variante exterior. Por eso se han creado servicios directos que no paran en León, restando frecuencias de viaje a los leoneses hacia Asturias o Madrid. Una solución similar en Valladolid tendría parecidas consecuencias.
      De hecho, la estación actual de León se concibió ya en su momento como provisional y -aunque muy retrasado por la crisis económica- ya se han adjudicado las obras de soterramiento para eliminar el fondo de saco. Obras, por cierto, financiadas al 100% con dinero público, sin aportación de plusvalías por venta de terrenos.

    • Efectivamente este tipo de soluciones tienen sus aspectos negativos pero cuando se abre un debate es importante poner todas las opciones sobre la mesa. De todos modos, la importancia de la ciudad de Valladolid tanto demográfica como económica hace difícil pensar en una reducción de servicios o destinos.

  2. […] Desde eldivergente.es ya se animó a que este equipo de gobierno municipal apostara por una visión de futuro de la ciudad, es decir, un plan estratégico de ciudad. Es verdad que ha puesto en marcha diversos planes estratégicos sectoriales (urbanismo, turismo, movilidad, comercio, accesibilidad, etc.) pero, como bien dice Alain Jordà, si se contara con un plan estratégico de ciudad, los planes sectoriales se formularían desde unos objetivos ya previamente definidos obteniendo una mayor sinergia y eficiencia. […]

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